3 de septiembre de 2021

Monte nativo: el palmar, la estrella del Este

Si bien en el país hay varias especies de palmas, solo dos de ellas, la butiá (Butia odorata) y la yatay (Butia yatay) forman palmares casi puros. Los más extensos son los de butiá, en el este del país, que ocupan casi 70.000 hectáreas de suelos inundables, y forman dos densos palmares, el de Castillos y el de San Luis, y otros más dispersos.

// Coendú para La Paloma Hoy //

Otro de nuestros bosques es el “palmar” o “sabana palmar” de densidad variable, principalmente asociado a un estrato herbáceo de praderas naturales y pastizales y que se encuentra en forma más aislada en bosques fluviales y laderas serranas. Si bien en el país hay varias especies de palmas, solo dos de ellas, la butiá (Butia odorata) y la yatay (Butia yatay) forman palmares casi puros. Son una comunidad vegetal trascendente por su carácter único, de gran valor ecológico y paisajístico, pero también forman parte de la identidad cultural.

Los más extensos son los de butiá, en el este del país, que ocupan casi 70.000 hectáreas de suelos inundables, y forman dos densos palmares, el de Castillos y el de San Luis, y otros más dispersos. En el noroeste (fundamentalmente en Paysandú) se encuentran los palmares de yatay, que se desarrollan sobre suelos mejor drenados y arenosos. La palma pindó (Syagrus romanzoffiana) está presente en gran parte de los montes del país (a veces en gran abundancia), pero sólo excepcionalmente como formación pura.

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Palmar en Rocha. Foto Martin Abreu

El ecosistema del palmar presenta gran variedad de nichos y hábitats para la fauna y conforma una perfecta simbiosis con insectos, mamíferos y aves. Casi un 65% de aves no marinas citadas para Uruguay han sido registradas alguna vez en zonas del palmar entre ellas el dragón (Xantophar flavus). Los mamíferos que se alimentan de los frutos sin dañar la semilla, como el zorro de monte (Cerdocycon thous), mano pelada (Procyon cancrivorus) y el coatí (Nasua nasua), han sido descritos como dispersores de semillas.

Las actividades humanas han modificado sustancialmente los palmares originales. Los palmares brindaron varios usos históricamente, la recolección intensa de sus frutos data desde aproximadamente 8.500 años y continúa al día de hoy, fueron utilizados como corrales con la llegada del ganado y también se realizó la extracción de miel de palma hasta la ley de 1939 que prohibió la tala de palmeras. El ecosistema palmar hoy se encuentra en riesgo por la falta de regeneración y en casi todos los casos, están constituidos exclusivamente por ejemplares adultos debido a la acción de la ganadería y la rotación arroz-ganadería. El ganado se come los brotes de las semillas que germinan, impidiendo así la existencia de palmas jóvenes.

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Palmar en Rocha. Foto Martin Abreu

Tanto en Rocha como en Paysandú es posible ver numerosas palmas jóvenes fuera de los predios ganaderos, por ejemplo, entre el alambrado y la carretera o al lado de las líneas férreas, lo que prueba que las palmas se regeneran sin problemas ante la ausencia del ganado. La agricultura y la expansión de la forestación, que ha conducido a la conformación de uno de los principales núcleos forestales del país en el eje Paysandú-Río Negro también es una amenaza importante.

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Palmera butiá odorata en Rocha. Foto Martin Abreu

 

El riesgo de extinción de yatay no ha sido evaluado a nivel global, pero en Brasil la especie fue incluida recientemente en el libro rojo de especies amenazadas como Vulnerable. En Uruguay, a pesar de estar legalmente protegida (Ley Nº 9.872/39), se desconoce su grado de amenaza. Para el caso de la butiá en Rocha existen experiencias de exclusión ganadera temporal con buenos resultados tanto en la recomposición del palmar como mejoramiento forrajero que parece muy interesante de profundizar.

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Palmera Butiá Yatay en Paysandú. Imagen P. Berazategui

Lo que aún no se ha podido determinar es si los palmares originalmente constituían formaciones puras o si estaban asociados a otras especies leñosas típicas de las zonas en que se desarrollan. Parece poco probable que hayan sido palmares puros pero al parecer eran montes cerrados, ya que eso es lo que se da durante la inexistencia de pastoreo. Hoy se deben clasificar como montes abiertos aunque en realidad pertenecen a la categoría de montes cerrados. 


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